Hacer comunidad

Por Ricardo Hernández Gallego

Comunidad: un grupo de personas que comparten elementos como el idioma, el espacio geográfico, la religión, los valores e incluso las aficiones y gustos. Esta es la definición más utilizada de la palabra comunidad, la cual se resume en un conjunto de seres humanos con elementos comunes entre sus integrantes. Una palabra fácil de definir, pero con una trascendencia muy compleja.

Los humanos, así como otras especies animales, han evolucionado actuando y viviendo en comunidad: sería impensable alcanzar el bienestar o la plenitud en lo individual. La vida en grupo nos brinda protección, compañía y, lo más importante, nos da sentido de pertenencia; es aquí en donde se cierra el círculo, ya que corresponder a una comunidad trae consigo derechos y obligaciones, de esta forma logramos encontrar equilibrio emocional y de actuación.

Si lo común es la constante en una comunidad, entonces se debe privilegiar lo colectivo sobre lo individual, y este es sin duda alguna, el gran reto de las comunidades debido a que las personas con mucha más frecuencia de lo deseable, anteponen sus intereses particulares y los de su círculo inmediato y reducido (la familia o los amigos) a los de su comunidad más extendida (su barrio, ciudad o país).

Al ser una práctica común parece inofensiva, pero no lo es. Tener una conducta poco comunitaria perjudica y, en ocasiones, inhibe por completo el buen funcionamiento de la sociedad/comunidad, provocando las funestas consecuencias que conocemos y experimentamos: desintegración, violencia, drogadicción y finalmente la anarquía.

Hacer comunidad no es sólo un asunto de funcionalidad social, es en definitiva un tema de supervivencia, ya que únicamente en equipo y en consenso se puede mejorar la calidad de vida en los espacios en donde se desarrollan las personas, como la escuela, la oficina, el barrio, la ciudad o el pais entero,  con el fin de alcanzar mayores niveles de bienestar.

¿Cómo hacer comunidad?

La respuesta parece fácil aunque su ejecución es complicada. Para hacer comunidad basta con anteponer las necesidades del grupo a las individuales, por ejemplo, el clásico: “dejé en doble fila el coche porque me iba a tardar sólo cinco minutos en la farmacia.” ¿En serio creemos que tenemos el derecho de poner nuestro auto donde queramos, aunque esto conlleve que cientos de automovilistas se vean obligados a circular por un solo carril? ¿Sólo porque es más cómodo para nosotros?  

Esto es precisamente pensar en uno mismo antes que en la comunidad, sumado a que es una conducta ilegal (parar el coche en un lugar prohibido) lo preocupante es la frecuencia con la que esto sucede. Lo peor es escuchar las justificaciones de las personas cuando se les pregunta el porqué de su actitud: ¨es que si no me paro aquí tendría que caminar dos cuadras¨ o ¨no es para tanto son solo cinco minutos¨ y muchas más.

Una comunidad que funciona aporta bienestar a sus miembros; sin embargo, para lograrlo es necesario hacer renuncias en lo individual. Crear comunidad implica sacrificios personales para obtener beneficios comunes que también son individuales.

Sacrificar un beneficio individual inmediato para después recibir otro a través de la comunidad matemáticamente suena a suma cero, pero la gran diferencia entre uno y otro es que el beneficio individual, a través de lo colectivo, será siempre mucho más duradero y lo podrán disfrutar una mayor cantidad de personas.

Recordemos a quién para su coche en doble fila para bajar a la farmacia, el beneficio individual inmediato al que esta persona estaría renunciando es el bajar del coche y caminar unos pocos pasos para llegar a su destino, pero uno de los beneficios a mediano y largo plazo que conseguiría, al no obstruir el tránsito en las calles, sería la disminución del tráfico y por lo tanto menor contaminación, así que el aire que respiraría sería más limpio. ¿Qué beneficio es más importante?

Sí, señores, la respuesta es el beneficio que se obtiene por pensar en comunidad.

Hacer comunidad es anteponer las necesidades de la mayoría a las propias, aunque en el momento parezca que la renuncia es grande o que no tiene caso sacrificarse por los demás, estoy seguro que a mediano y largo plazo el beneficio lo sentiremos en primera persona.

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